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Conociendo el patrimonio mierense: la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de La Rebollá, románico en el Camino de Santiago

Domingo, 14 de Agosto de 2016 Conociendo el patrimonio mierense: la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de La Rebollá, románico en el Camino de Santiago

En nuestra página la prioridad es el patrimonio cultural de esta Montaña Central en que nos hallamos y por esto hoy miramos al noroeste del concejo de Mieres, donde encontramos La Rebollá/La Rebollada, una parroquia histórica que cuenta con una guapa joya románica, la iglesia de Santa María Magdalena, datada ya en el siglo XII. Descubramos más sobre ella.

 La Rebollá o La Rebollada, localizada en la ladera del Picu Gúa, tiene unos 350 habitantes que se reparten en diversos núcleos de población, como Baíña, Cardeo, El Padrún o Pumardongo. Se trata de un territorio con una dilatada historia, ya que además de la iglesia románica dedicada a Santa María Magdalena, se sabe que estuvo en funcionamiento en esta zona una leprosería en el barrio conocido como aún hoy como La Malatería (un topónimo claro, pues toma el nombre por su función). Sin duda, una importante parada en las dos vertientes del Camino de Santiago que pasan por nuestro concejo, el Camino del Salvador y el Camino Francés, lo que explica la circulación de ideas y formas artísticas comunes entonces en Europa y España que aquí también se reflejan.

Pero ya podemos encontrar restos de asentamientos desde mucho antes de la edad media en esta zona, exactamente desde el Paleolítico, algo que continuó en tiempos de la ocupación Romana, puesto que por aquí pasaba la calzada que venía desde La Carisa. Aún así, no encontramos testimonios escritos hasta el siglo XIII, en el testamento del arcediano Fernando Alfonsi, según el cual se cree que la iglesia nació vinculada con la leprosería antes nombrada que aparece ya en documentos del año 1267, como se indica en el libro El románico en Llena y Mieres de Maximino Pando Macías.

Iglesia de La Rebollá. Imagen tomada de folleto Mieres para descubrir, para enseñar del Ayuntamiento de Mieres.

El templo data de principios del siglo XIII, aunque desconocemos la fecha exacta de su construcción. Lo que sí sabemos es que en origen contaba con una nave precedida por un ábside semicircular que fue demolido en el año 1921 para construir otro nuevo dos años después. Esta remodelación conllevó también el crecimiento del perímetro de la iglesia, que ocupaba además el espacio del cementerio y una parte del camino adyacente. Fue proyectado por el arquitecto municipal de Mieres, José Avelino Díaz Fernández – Omaña, sobre el cual podemos encontrar una biografía en el libro Arquitectura y cine en Mieres, Asturias: estudio histórico y artístico de los cinematógrafos del concejo y la villa de Mieres de María Fernanda Fernández Gutiérrez y costeado, en gran parte, por Fábrica de Mieres. Al mismo autor debemos la guapa fuente de esta misma localidad, fechada en la década de 1920.

De la antigua iglesia románica solamente conservamos parte de los canecillos y un alero que en origen se ubicaba en el ábside. Su estructura original contaría con una espadaña formada por un tejado a dos aguas y cuatro muros en los que se abrían arcos semicirculares. También sabemos que en la pared de la parte oeste se abría una puerta de medio punto y existía decoración de canecillos y elementos vegetales y geométricos.

La cabecera, como ya hemos dicho, tenía forma semicircular, precedida por un tramo recto. En ella se abrían dos saeteras, una de ellas colocada en el centro y de menor tamaño.

La nave se cubría con una armadura de madera, el ábside con bóveda de cañón en el tramo recto, y con bóveda de horno en el hemiciclo.

En cuanto a los elementos que conservamos en la actualidad y que conformaban la decoración de la iglesia, los canecillos, se trata de varias cabezas de animales monstruosos, que podemos encontrar en otras construcciones de nuestra región como Santa María de Llugás. En algunos casos estos terribles seres muerden hojas dentadas, pero en iglesias como San Esteban de Aramil, llegan incluso a mostrarse comiendo seres humanos, con el claro fin de asustar a los fieles que acuden a la iglesia, mostrándoles lo que les pasará si no acuden al templo y tienen un buen comportamiento.

Las figuras presentan dos formas, unas de aspecto triangular y otras de perfil curvo, aunque todas tienen rasgos en común, como los ojos almendrados, muy expresionistas, y las orejas pequeñas. 

Decoración escultórica de la iglesia. Imagen tomada del libro El románico en Llena y Mieres.

En las ménsulas encontramos tallas que se pueden observar en otros ejemplos del románico de la zona, como el hombre con el barril a hombros, el que sujeta el barril en su regazo, el monje con el libro abierto y con su cabeza totalmente cubierta por una capucha y otra serie de motivos antropomorfos.

Pero no solamente aparecen representadas figuras humanas, sino que también encontramos canes y piezas geométricas, como una hilera de puntas de clavos, un elemento que también aparecía en la portada principal.

En cuanto a las representaciones vegetales, observamos filas de tetrapétalas, un motivo habitual en las metopas, y muy repetido en la zona de Villaviciosa. Otro motivo, que aparece en iglesias como la de Ujo o Amandi, son las cintas y las bolas.

La forma que más repite en toda esta decoración es la formada por dos superficies unidas en arista viva, dejando el espacio que se encuentra en el frente liso. 

Un interesante libro en el que podemos encontrar información sobre esta iglesia y muchas más es El románico en Llena y Mieres (Ediciones Azucel, Avilés, 2005) de Maximino Pando Macías, donde también aparece, por ejemplo, Santa Olaya de Ujo, a la cual hemos dedicado dos artículos en nuestra web. También contamos en Mieres con un desaparecido templo, el medieval de nuestro santo patrón San Juan en la propia villa, que resultaba de gran interés.

Conocer el románico de nuestro concejo es tan interesante como, probablemente, sorprendente para muchos: antiguos inmuebles conviven con un reciente patrimonio industrial, de forma que nuestra herencia cultural es tan dilatada como diversa, motivo éste de orgullo indiscutible.

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