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La última Esperanza del cine en Mieres: sobre un edificio emblemático

Sábado, 30 de Julio de 2016 La última Esperanza del cine en Mieres: sobre un edificio emblemático

El pasado 10 de julio nos encontrábamos en prensa con la noticia de que el Ayuntamiento de Mieres forzará la rehabilitación del edificio que se levantó como cinematógrafo y recibió el nombre de Esperanza, en este momento la última sala de cine que se mantenga en pie de la ciudad y, por ello, merece la pena dedicar un espacio a este conocido inmueble.

 Para muchos mierenses no hubo, durante décadas, otro reclamo más poderoso para sus escasas tardes de asueto que el cine. La gran pantalla fue sin duda el ocio preferido durante mucho tiempo y las posibilidades, en nuestro concejo, eran numerosas porque las salas proliferaron en la capital, en el valle de Turón y en el conjunto del concejo. En la ciudad de Mieres constituyó en su día un hito indiscutible el Teatro Capitol, obra del arquitecto Luis Cuesta Rodríguez y nunca suficientemente lamentada su desaparición.

Pero también fue relevante, y mucho, el Cine Esperanza que durante 60 años albergó en su sala la proyección de multitud de películas y los sueños que evocaban en el público. Este edificio, situado en pleno corazón de la ciudad, en la Calle Teodoro Cuesta, fue diseñado por Felipe López Delgado y Miguel Ángel Esteve Vera en el año 1934, aunque su inauguración no se produjo hasta el 18 de diciembre de 1942, con la proyección de la película Soy un periodista. Volvió a ser inaugurado en el año 1956 tras la instalación del sistema Cinemascope y, en este caso, se proyectaron Los diez mandamientos.

Como estudió María Fernanda Fernández en su obra Arquitectura y cine en Mieres, Asturias: estudio histórico y artístico de los cinematógrafos del concejo y la villa de Mieres la historia de este cinematógrafo comienza en el año 1934 cuando los hermanos Andrés, María Aurora y María de la Luz Fernández Álvarez, más conocidos por su tercer apellido, Pombo, deciden ampliar su negocio con un nuevo cine contiguo al que ya poseían, el Teatro-Cine Pombo. Más tarde la empresa pasa a manos de María Purificación Pombo Álvarez, siguiendo en la familia, para finalmente ser vendido a la empresa Pesquera en el año 1997, que lo regentaría hasta su cierre.

El Cine Esperanza en los años 60. Fotografía de Foto Alonso.

Esta historiadora del arte, que dedicó su tesis de licenciatura al estudio de estas salas, describe así el inmueble: “Es un edificio entre medianeras que sólo tiene fachada hacia la calle Teodoro Cuesta y colindaba con el Teatro Pombo. Su altura elevada, que supuso el pago de una exacción similar a cuatro plantas de vivienda, engloba la planta de sótano, la de butacas, principal, primera y segunda.

Su volumen es de pastilla o paralelepípedo simple, pero no se aprecia, pues únicamente se percibe la fachada desde la calle. Carecemos del proyecto completo: sólo hemos podido localizar algunos planos y la memoria explicativa ha desaparecido. Está construido con hormigón armado y cemento, ejecutándose la cubierta con una estructura metálica; técnicamente es similar al Cine Fígaro de Madrid. (…) 

La planta de butacas, levemente alzada sobre el nivel de la calle y con escalones para salvar el desnivel, tiene acceso mediante cinco puertas en el proyecto original; actualmente se han modificado, con un vestíbulo o estructura acristalada interior a la que abre la puerta principal.

Detalle del vestíbulo y puerta principal del Cine Esperanza (12 de mayo de 1992). Imagen tomada de la publicación Arquitectura y cine en Mieres, Asturias: estudio histórico y artístico de los cinematógrafos del concejo y la villa de Mieres.

El vestíbulo de acceso se flanquea por la taquilla y la escalera hacia los baños del piso inferior; otras dos escaleras conducen a la planta superior, permitiendo una gran amplitud en la zona de descanso. Como mobiliario se diseñan sendos divanes que flanquean la única puerta que se emplea para ingresar al patio de butacas, aunque se habían previsto otras dos en los extremos. Actualmente se emplaza en este hall un puesto para la venta de palomitas de maíz, como viene siendo habitual en nuestros salines, desbancando el clásico comercio de caramelos y otras chucherías que calificaríamos de más español y típico.

En el patio las localidades se distribuyen en 21 filas, con un total de 432 asientos, separadas por un pasillo central (1 m.) y otros dos pasos laterales (0,70 m.). Al fondo se dispone la pantalla, bajo la cual se abren dos puertas: una que conducía hacia la calle de Guillermo Schulz, bordeando el muro trasero del Teatro Pombo, y otra previa a las escaleras que daban servicio a la pantalla y altavoces. (…) 

Sobre la pantalla figura un fresco de 45 metros cuadrados del artista catalán Francisco Calduch, que representa motivos asturianos: una escena de danza con tipos populares, ataviados con el traje regional; parece tratarse de la adaptación de una obra preexistente, titulada “El baile”, de Valeriano Bécquer (1834 – 1870), que puede contemplarse en el Museo Romántico de Madrid.

La planta de principal consta de un “balcón”, según lo denomina el proyecto, abierto hacia el vestíbulo inferior; un hall precede al ambigú o bar, con su hermosa y alta barra de marquetería bicolor y taburetes para su servicio, que hoy está clausurado. Dos puertas lo flanquean y conducen a los asientos; en los extremos, en la zona que tradicionalmente ocupaba la delantera, aparecen palcos, en número de dos a cada lado, en el proyecto original, que no llegaron a ejecutarse.

Las escaleras nos llevan a la planta cuyo plano ha desaparecido, la primera en que se emplazan oficinas y aseos; la cabina de proyección y un reducido hall y otros servicios para hombres y mujeres aprovechando el cuerpo bolado sobre la fachada son los elementos de la segunda planta. En esta zona alta se disponen un total de 16 filas en graderío, con su solado de madera y acusada pendiente, con pasillos a ambos lados de la cabina de proyección.

La riqueza espacial y la cantidad de recintos o diferentes recorridos del Cine Esperanza son únicas en el panorama mierense; la fachada era sobria y novedosa en su formulación. Es un amplio lienzo de fábrica, en que el piso inferior se resguarda por una visera de gran vuelo; en su parte derecha se abre la taquilla y en la izquierda se colocan en vitrinas los carteles y afiches. En el centro se abren las puertas de madera y cristal. 

Sobre la marquesina se horada un enorme ventanal horizontal, o faja de vanos, y a las dos plantas superiores les corresponde un cuerpo volado de fábrica con ventanas estrechas y rasgadas que iluminan las escaleras.”

Cine Esperanza en el año 2014. Imagen tomada del Resgistro de Cinematógrafos de Asturias realizado por Pozu Espinos en el año 2014. 

Es una lástima que este interesante edificio, cerrado desde el año 2002, se vea ahora en ruinas, no sólo por su valor sentimental sino también patrimonial, al ser hoy en día el único ejemplo de salón de cine (sólo de cine) urbano conservado en su estado original. Por ello el Ayuntamiento de Mieres ha decidido abrir un expediente urbanístico para determinar el estado de dicha construcción, puesto que sus propietarios no han asumido hasta el momento ningún tipo de acción para rehabilitarlo o, al menos, prevenir su derrumbe. No obstante, no ayuda en nada al fin que deseamos el hecho de que la Consejería de Cultura no haya incluido este inmueble en el recientemente tramitado certificado de la Comisión Permanente del Consejo del Patrimonio Cultural de Asturias.

No admite discusión, creemos, que un edificio emblemático como es éste pueda perderse por desidia. Hay ejemplos cercanos y afortunados de recuperaciones de salas históricas que han generado nueva actividad cultural: siguen siendo utilizados sin perder su esencia, como ha sucedido en la acertada rehabilitación del protegido Cine Felgueroso en Sama de Langreo, hoy Centro Audiovisual municipal o el cine Ayala en Oviedo, que en 2006 reabrió sus puertas convertido en spa, pero conservando parte de su decoración. Podemos saber más de este último gracias a la publicación de Incuna en la que ha participado María Fernanda Fernández con su artículo “El cine Ayala (Oviedo, 1962): la caja de sorpresas que nos había dejado Juan Vallaure”.

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