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El chalet de don Isidro, o cómo algunas personas dejan huella en la memoria de un pueblo

Viernes, 8 de Febrero de 2013 El chalet de don Isidro, o cómo algunas personas dejan huella en la memoria de un pueblo

En Bustiello prácticamente todo está cargado de historia: cada esquina, cada piedra y por supuesto, cada edificio. Por eso muchos de ellos tienen nombres que necesitan de una explicación para comprender su origen: porque su origen ya forma parte de un pasado que necesitamos recuperar, porque nos faltan las claves para entenderlo.

 

 

 Una fotografía antigua del chalet de Don Isidro (Fuente: www.santacruzdemieres.com)

 El chalet de don Isidro es la sede, desde su rehabilitación a comienzos del siglo XXI, del Centro de Interpretación del poblado minero de Bustiello. Pero para la gente, para los vecinos, para el recuerdo sigue siendo el chalet de don Isidro. Y la pregunta lógica es: ¿quién era don Isidro?

Vista de la fachada principal del chalet de Don Isidro (Fotografía de Roberto Álvarez Espinedo)

Isidro Sainz de Baranda Goróstegui, madrileño, pertenecía a una familia bien situada como acredita el hecho de que Pedro Sainz de Baranda y Gorriti fuera alcalde de la capital de España en varios momentos, en el período de 1812 a 1820, contando hoy con una parada de metro a su nombre en Madrid.

Fue un ingeniero de minas dentro de una saga de profesionales de similar titulación; formaría parte de esa estirpe que puede arrancar del también llamado Isidro Sainz de Baranda, que se formó en la muy prestigiosa Academia de Freiberg como pensionado por la Dirección General de Minas de España entre 1829 – 1830. A su regreso de Alemania, participa en el grupo que logra trasladar la Escuela de Minas a Madrid. Será también el primer inspector de minas de las Islas Filipinas: llegó en 1838 y logró implantar la Ley de Minas vigente en la metrópoli y la redacción de un Reglamento específico para tal actividad en las islas, que estuvo vigente durante tiempo; a él se debe, ya mediado el siglo XIX, el estudio de la riqueza aurífera de Camarines Norte (véase Eduardo L. Moyano, “Una aproximación a la industria minera en Filipinas en el siglo XIX”, Oppidum nº 3, Segovia, 2007, pp. 107 – 132).

 Nuestro don Isidro entró a trabajar en la Sociedad Hullera Española con anterioridad a la guerra civil, probablemente en la zona de Cutrífera; alcanzó la responsabilidad de ser subdirector de la empresa y, en 1954, la deja para incorporarse a Gijón Fabril (en la que también recalaría César Quetcuti) y, por su pertenencia al consejo de administración de Carbones, Industria y Navegación (una firma que incorporaba accionistas que también contaban con inversión en la SHE), pudo  participar en el proceso de creación de la empresa estatal HUNOSA allá por 1967. Falleció en Madrid el 9 de junio de 1983.

Procesión en Bustiello con el chalet de Don Isidro al fondo (1959). Fuente: Archivo Fotográfico de la Asociación Cultural Santa Bárbara de Mieres (Sección de Arqueología Industrial; gentileza de Miguel Fernández Palacios)

Casado con Encarnación González – Arnau y Norzagaray, tuvo varios hijos entre los que podemos destacar a Rafael Sainz de Baranda, que fue alto ejecutivo de Galerías Preciados (los almacenes que fundara el asturiano Pepín Fernández) y su nieto, ingeniero de minas igualmente, es Pedro Sainz de Baranda Riva, desde la primavera de 2012 presidente de la multinacional de ascensores y escaleras mecánicas Otis. Ni más ni menos.

 Pero los vínculos familiares no terminan ahí: una hermana del ingeniero recordado en Bustiello, María Sainz de Baranda y Goróstegui, contrajo matrimonio con Rafael del Riego y de Ramón, el excelente ingeniero de minas ovetense que dirigió la Sociedad Hulleras de Turón entre 1921 y octubre del 34, cuando fue asesinado.

Algo de don Isidro ha quedado también en Bustiello, además de su recuerdo en un nombre: el grupo escultórico dedicado a la Sagrada Familia que se sitúa en la cabecera de la iglesia del Sagrado Corazón, una obra de El Arte Cristiano (firma fundada en 1880, y aún hoy activa, asentada en Olot, Gerona) muy apropiada iconográficamente para este lugar. Una Virgen representada como hacendosa ama de casa (con el cestillo de labores), un San José obrero (puesto que lleva la escuadra de carpintero) y un niño Jesús que representa la idoneidad de ese modelo de vida.

Vista posterior del chalet de Don Isidro (Fotografía de Miguel Fernández Palacios)

 

 

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