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Dos rincones casi olvidados: las estaciones del Vasco en La Ribera

Sábado, 17 de Junio de 2017 Dos rincones casi olvidados: las estaciones del Vasco en La Ribera

Las dos estaciones del Vasco-Asturiano en el concejo de La Ribera son pequeñas muestras de la arquitectura de esta desaparecida compañía ferroviaria, enclavadas en entornos privilegiados por lo que, por desgracia, apenas pasan ya trenes.

La semana pasada hablamos de José Avelino Díaz y su impronta en las estaciones del Vasco-Asturiano a su paso por el concejo de Mieres (http://territoriomuseo.com/noticias/show/885-un-maestro-al-servicio-del-vasco-las-estaciones-de-jose-avelino-diaz-en-mieres). En esta ocasión volvemos a referirnos a este ferrocarril carbonero por excelencia para detenernos en las dos estaciones de su línea a su paso por el concejo de Ribera de Arriba/La Ribera, de las que ya os avanzamos algo hace bastante tiempo http://www.territoriomuseo.com/noticias/show/591-patrimonio-industrial-del-concejo-de-la-ribera-patrimonio-ferroviario. Antes de proseguir, tenemos que recordar que el municipio tiene un triste honor en este campo: a comienzos de 2011 dejó de ser el primer ayuntamiento asturiano servido por los trenes de Feve, con la suspensión del servicio de viajeros entre Baíña (Mieres) y Trubia (Oviedo), una medida que no era sino el preludio de la actual situación de caos que vive nuestra vía estrecha.

Aspecto actual de la estación de Soto de Ribera. Fuente: mapio.net
 
Mucho antes de que eso ocurriera, en el año 1900 el ingeniero Valentín Gorbeña había planteado la estación de Soto de Ribera al oeste de las vías, en las inmediaciones del núcleo de población, tal y como detalla José María Flores en su artículo "Edificios de viajeros en el ferrocarril Vasco-Asturiano" (Revista de Historia Ferroviaria, n.º 2, junio de 2005). Sus orígenes eran muy humildes: se planteó como un edificio de tecera categoría destinado esencialmente al cruce de trenes dada su situación estratégica entre las estaciones de Trubia y Ablaña.
 
El edificio era una pequeña construcción rectangular de dos plantas, idéntica a la estación original de Fuso de la Reina (que desapareció en 1947 al construirse el nuevo edificio) y muy similar, aunque de menor tamaño, a otras del recorrido como Caces (tristemente demolida hace pocos años) o San Román de Candamo. Como era habitual en este tipo de enclaves, la planta superior albergaba la vivienda del factor y en el bajo se situaban al gabinete de circulación y una pequeña sala de espera. Quizá el elemento más llamativo de su fábrica eran las ventanas de los laterales del primer piso, en forma de arco de mitra.
 
Las dos vías en curva y el vecino paso a nivel son señas de identidad de la pequeña estación de Soto. Fuente: mapio.net
 
En la década de 1920, esta pequeña construcción fue ampliada con el añadido de una cantina de planta baja y tres tramos, adosada al lateral meridional. No está documentada, pero su estética recuerda a las intervenciones de Dimas Cabeza y José Avelino Díaz, que seguramente la inspirado, con una elaborada cubierta y grandes ventanales de arco de medio punto. Al mismo tiempo, o tal vez poco después, fue dotada del nombre de la población en grandes caracteres en relieve, en el lateral norte y también en la fachada a la vía, con una interesante tipografía. Al hacerlo, dada la falta de espacio, las ventanas frontales del primer piso fueron recortadas, quedando de un tamaño realmente exiguo. También se edificó un pequeño pabellón para retretes.
 
Soto de Ribera estaba destinada a jugar un papel secundario en el ferrocarril, pero su suerte cambió en la década de 1960 con la construcción de la central térmica. El enclave se convirtió en un importante punto de llegada y salida de trenes de carbón y la estación adquirió un relieve insospechado. Tanto es así que el ingeniero Enrique Laviña planteó, según cuenta Flores, levantar un nuevo edificio, una medida que finalmente no se llevó a cabo.
 
Lo que sí se materializó fue una reforma bastante reciente del edificio, llevada a cabo por Feve (su propietaria desde 1972) a finales del siglo XX que afectó sobre todo a la cantina, que fue modificada en su cubierta y lateral, mientras que todo el conjunto recibió una marquesina metálica y fue pintado en el color salmón habitual en las estaciones de la empresa de aquel momento.
 
Por desgracia, la práctica desaparición de los trenes de carbón para abastecer a la vecina central han devuelto el carácter tranquilo y plácido que la estación respiraba hace décadas, privada también del tráfico de viajeros.
 
El apeadero de Palomar se encuentra en un entorno idílico por el que, desgraciadamente, apenas pasan ya trenes. Fuente: mapio.net
 
La otra estación del concejo es el pequeño apeadero de Palomar, construido en 1969 para dar servicio al núcleo homónimo, su aparición se inscribe dentro del establecimiento, a partir de los años 60, de nuevos puntos de parada en busca de más viajeros, en un momento en el que el transporte por carretera comenzaba a afectar seriamente al tráfico ferroviario. Edificado en las inmediaciones de un túnel, en una larga alineación recta, consta de un andén con una pequeña marquesina cerrada por tres de sus lados. La cubierta original de fibrocemento fue sustituida por otra de chapa metálica y en la actualidad luce el mismo tono salmón con el que Feve decoraba sus estaciones hace algunos años.
 
No nos queda más que animaros a que conozcáis, aunque actualmente ya no pueda ser por tren, las antiguas estaciones del Vasco-Asturiano en La Ribera, que nos acercan a algunos de sus rincones con más encanto.
 

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