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El hórreo beyusco, un tesoro desconocido

Domingo, 3 de Mayo de 2015 El hórreo beyusco, un tesoro desconocido

Si hace unas semanas nos referíamos aquí a una las pinturas de la guerra de la Independencia encontradas por Belén Menéndez Solar en una serie de hórreos del concejo de Amieva, volvemos hoy a este espacio geográfico para hablaros de unos hórreos muy peculiares, los hórreos beyuscos, unas joyas pintorescas.

Es el desfiladero o garganta de Los Beyos, del que toman su nombre. Siguiendo el curso natural del río Sella desde su nacimiento en el Valle de Sajambre, el Desfiladero de Los Beyos se inicia en el término municipal de Oseja de Sajambre y, en concreto, en el lugar de Covarcil para continuar a lo largo de 12 kilómetros hasta encontrarse con la divisoria municipal y provincial en el Puente Angoyo, y adentrarse en los concejos asturianos de Amieva y Ponga. Durante todo el recorrido se impone la verticalidad de la peña, con unas paredes cerradas que apenas dejan un pequeño espacio por el que discurre el río y la sinuosa carretera.

Es en este pequeño rincón salpicado de beyos que caen al Sella, donde el visitante puede disfrutar de la contemplación de los hórreos beyuscos, tan sólo comparables a los de los vecinos municipios leoneses de Valdeón, Sajambre y Burón a los que ya hemos dedicado uns reseña en este espacio. De ahí que también se les llame hórreos leoneses.

El hórreo beyusco, es el modelo más primitivo y menos evolucionado de los conservados en Asturias, pudiendo ser el antecedente directo del nuestro hórreo patrón. En la monografía Entre los Beyos y el Ponga. El cordal del Colláu Zorru  escrita por Guillermo Mañana Vázquez en 1988, se contabilizaban 28 construcciones: “24 en estado bueno, 3 en ruina y 1 reconstruido de forma poco ortodoxa” de los que en la actualidad, apenas quedan en pie una veintena.

Horru de Moisés en Casielles (Ponga). Fotografía de Ástur Paredes.

Presentan planta tendente al rectángulo de reducidas dimensiones y cubierta a dos aguas, lo que les diferencia del resto de hórreos de la región. El motivo de que sean de pequeño tamaño es la complicada orografía de la zona, que no permitía grandes construcciones ni tampoco grandes cosechas.  Así, nos encontramos con hórreos sin corredor, dotados a lo sumo de tenobia y escalera en su fachada principal, lo que no impide que al igual que el resto, en algunos casos estuvieran divididos. Mientras que lo normal en el hórreo astur es que las colondras sean verticales, en el caso del hórreo beyusco, son horizontales. El ejemplo más arcaico, que quizá responda al modelo primigenio del tipo, era el Horru de Ciriaco, en Robriellos, un hórreo excepcional de buenas proporciones y cubierta de teja a doble vertiente, con cureñes horizontales que remataban ensambladas en las esquinas, con las testas voladas.

Esta técnica de construcción en madera, conocida como blockbau, ya aparece en Europa a mediados de la Edad del Bronce y es la que presentan algunos otros hórreos europeos: mazots, stadel del cantón de Valais (Suiza); rascard, raccard del Valle de Aosta, en la zona alpina de Italia; härbre de Suecia; stabbur de Noruega, etc

Las maderas empleadas en todos los casos son el castaño y el roble, siendo anecdótico el uso de haya en algunas cureñes o elementos menores.

Esquema del Horru de Julio en Casielles realizado por Ástur Paredes.

Las cubiertas, a dos aguas como ya hemos mencionado, son de teya colocada en seco, sin argamasa, con un buen número de piedras de moderado tamaño actuando de sujeción frente al viento, tal y como podemos observar en los que no presentan la cubierta renovada. En algún elemento, se detectan la existencia de llábanes o llambries, losas planas que se colocan en los bistechos (aleros)y que sin duda nos remiten a soluciones de cubierta que serían las generalizadas en otros tiempos.

Como excepción, aparecen las cubiertas a tres aguas. Éstas son de gran interés porque pueden estar documentando la evolución de las cubiertas a dos aguas de los hórreos beyuscos hacia las de cuatro aguas, características del hórreo asturiano tipo. Presentan frontón en la fachada de acceso y faldón estructurado sobre aguilones en la parte posterior. Aunque tenemos referencias de al menos tres ejemplares, tan solo uno ha llegado hasta nosotros: el Horru de Lorenzo en San Ignacio.

Horru de Lorenzo en San Ignacio cubierto a tres aguas. Fotografía de Ástur Paredes.

Los pegollos pueden ser de piedra o de madera siendo habitual que sus basamentos sean de diferente factura y de labra irregular. Al tratarse de hórreos de montaña que deben ajustarse a la inclinación del terreno es frecuente la asimetría de sus pegollos y que el solhorru o espacio bajo la cámara sea desigual.

De los 17 hórreos beyuscos, que se conservan en pueblos como Viboli, Casielles, Tolivia y Biamón, menos de una decena se encuentran en buenas condiciones, mientras que los restantes corren grave riesgo de desplomarse. Dada esta circunstancia y atendiendo a la importancia patrimonial de estas construcciones, el 29 de mayo de 2014, la Consejería de Cultura del Principado de Asturias decidió incoar expediente para la inclusión de estas construcciones en el Inventario de Patrimonio Cultural del Principado de Asturias. Para ello, la Dirección General de Patrimonio Cultural encargó el estudio y catalogación de los mismos al etnógrafo Ástur Paredes, quien junto a Gausón Fernánde ya un año antes había publicado “Horros beyuscos nel cantu ‘l desaniciu” en Asturies, Memoria encesa de un país. Paredes, estableció una serie de modelos de hórreo beyusco:

En una clasificación ideal en orden a la antigüedad de su técnica constructiva —y dejando a un lado los hórreos de cámara cerrada con varas entretejidas— el modelo más antiguo de hórreo beyusco sería un hórreo de planta rectangular, con cureñes horizontales ensambladas en las esquinas, con seis pegollos o más y techo a dos aguas de cubierta vegetal (tabla o paja) o de losas. Con estas características ya no existe ningún ejemplar, siendo el más cercano desde el punto de vista tipológico el desaparecido Horru de Ciriaco, en Robriellos. 

A la segunda etapa evolutiva correspondería el hórreo de cureñes horizontales encajadas en postes esquineros, con planta rectangular, cuatro o seis pegollos y cubierta a dos aguas de materia vegetal, losas o teja del país. A este modelo pertenecerían varios de los hórreos beyuscos censados: el de Julio Vidarte, en Casielles d’Arriba; el de Tolivia; el de Les Cortes, en Viegu y el de Alfredo, en Vibuli. 

En una tercera etapa la cámara del hórreo, cuadrada o rectangular, aparecería cerrada con cureñes verticales, apoyaría en cuatro pegollos y estaría cubierta a dos o tres aguas con teja del país. Este modelo, al que corresponderían el resto de los hórreos beyuscos censados, ya supone cierta hibridación pues, aparte de su tamaño y la escala de sus elementos, sólo conserva las soluciones de cubierta como rasgo distintivo respecto al hórreo asturiano tipo. 

El último escalón evolutivo correspondería al hórreo asturiano: de planta cuadrada, cureñes verticales con engüelgos esquineros en el cerramiento de la cámara, apoyado sobre cuatro pegollos y cubierta apiramidada de teja del país.”

Vista general del Horru La Bolera también en San Ignacio. Fotografía de Ástur Paredes.

Además de un estudio generalizado, Ástur realizó un estudio detallado mediante fichas de los 17 hórreos, que son lo que finalmente se han incluido en el inventario. (Podéis consultar las fichas aquí)

Para saber más sobre el hórreo beyusco, no dudéis en visitar nuestro C.I de Interpretación, donde como no podía ser de otra forma, esta joya de nuestra etnografía, tiene su hueco.

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